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Una revisión crítica del marco regulatorio de la radiodifusión Autor: Alejandro María Massot |
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recursos comunes como consecuencia de la existencia de múltiples derechos a explotar un único bien, eliminando los incentivos para su conservación. En esta nueva tragedia, sin embargo, los bienes productivos son subexplotados debido al exceso de derechos de veto.
El marco actual de la radiodifusión en la Argentina es un campo fértil donde abundan situaciones análogas a la tragedia de los anticomunes. Si se piensa en la explicación técnica expuesta en las páginas anteriores la situación resulta evidente. Contando el canal 2 de la ciudad de La Plata existen en el Gran Buenos Aires cinco señales de televisión abierta cuando, gracias a la tecnología actual, se podrían explotar, sin mayores inconvenientes, hasta treinta señales. El mismo contexto se repite en otras ciudades del país donde, raramente, coexisten más de dos señales de televisión abierta. La situación de las transmisiones de radio es, en muchos casos, análoga a la de la televisión.
Las frecuencias subexplotadas equivalen a los inmuebles vacantes. El rol de los vendedores callejeros le cabría, en este ejemplo, a las transmisiones radioeléctricas clandestinas o, por qué no, a las señales de televisión por suscripción73. Basta ver la oferta de canales ofrecidos por las plataformas de televisión por cable o satelital para darse cuenta que los “vendedores callejeros” de televisión por suscripción abundan ante el pequeño número de los ofrecidos abiertamente.
Las razones de esta disparidad no son unívocas. El hecho que el Estado no acepte licenciar más frecuencias ayuda al mantenimiento de esta situación. Sin embargo, tampoco hay que olvidar los intereses políticos que, en la Argentina, siempre han rodeado a las cuestiones relacionadas con la radiodifusión. Para obtener una licencia abierta de televisión el requirente no sólo debe probar su idoneidad y solvencia económica, entre otros requisitos, sino que también debe aprobar un examen subjetivo por parte del gobierno de turno.
Por último, sería necio negar que existen más señales de televisión por suscripción que señales abiertas,74 porque la producción de las primeras es sensiblemente más barata que la de las últimas. En aquéllas se utiliza mucho contenido enlatado, existe repetición de la programación, poca inmediatez con el público75 e independencia absoluta de la operación de los distintos sistemas de distribución76. Como contraposición las señales abiertas tienen mucha programación “en vivo” y no pueden darse el lujo de la repetición, a lo que hay que sumar los costos inescindibles de la operación de un canal de aire.
La regulación específica de la actividad radiodifusora puede haber solucionado la tragedia de los comunes en cierta medida.77 Sin embargo, este régimen, imperante hace al menos 30 años, no ha logrado solucionar el problema de la subexplotación, situando a la radiodifusión ante un mercado ineficiente.
73 Cinecanal, HBO, ESPN, Crónica, etc.
74 En la Ciudad de Buenos Aires canales 2, 7, 9, 11, y 13.
75 Salvo en los canales de noticias donde el “vivo” y la inmediatez resultan fundamentales.
76 Por sistemas de distribución nos referimos a los distintos cables, plataformas satelitales, etc.
77 Hemos visto que, al menos en el marco de las transmisiones de radio en frecuencia FM, aún hay situaciones asimilables a la tragedia de los comunes en muchas áreas del país. |